
Esa fue la pregunta de O. ayer y cuando le respondí "Oihan", me dijo, "Yo no quiero llamarme bosque".
La verdad es que no sé de dónde se saco la pregunta porque el euskera nunca le ha interesado a pesar de que cuando era pequeño le leía cuentos y le cantaba canciones en ese idioma. Hasta le lleve a unos grupos para niños en los que los hijos de vascos que viven en Bélgica pueden practicar o aprender (dependiendo del nivel) euskera. Parecía que hasta le molestaba que además de castellano, a veces la gente le dijera cosas en euskera, algo así como "¿otro idioma más que aprender?". Así que desistí, pero cuando tengo la ocasión le enseño palabras, le canto alguna cancióny espero que algún día se interese él mismo y le pueda enseñar ese idioma tan bonito que hasta a mí misma se me está olvidando.
Pero no quería escribir sobre el euskera sino sobre los nombres. Es un tema que desde siempre me ha apasionado. Me encanta saber cómo se llama todo el mundo, pregunto por los nombres de los hermanos, padres y demás familiares a todos para descubrir nombres originales, de pequeña me leía el santoral en los calendarios, tenía libros sobre el origen de los nombres... Y por supuesto tenía nombres elegidos para mis hijos, pero claro, un hijo es de dos y creo que el nombre se debe elegir también de común acuerdo.
El nombre de niña que tenía elegido era "Oihana" que me encantaba y además presenta una particularidad: las letras de "Oihana" son exactamente las mismas que las de "Ainhoa" cambiadas de orden y a mí eso me parecía genial. Así que decidido, si teníamos una niña se llamaría "Oihana". Este nombre cumplía todos nuestros requisitos: no era muy largo, no se podía acortar, iba bien en los dos idiomas y no era súper común (aunque si que hay bastante Oihanas, sobre todo en Gipuzkoa). Lo malo fue que en primer lugar tuvimos un hijo y en los nombres de chico era imposible ponernos de acuerdo. A X. le gustaban los nombres bretones (Loïc, Yannick...), que a mí también me gustan, pero me parecen demasiado exóticos para España, y todos los nombres en euskera que proponía tenían alguna pega, o tenían "r" lo que distorsionaba su verdadera pronunciación aquí, o se prestaban demasiado al chiste.
Yo sabía el sexo del bebé que iba a nacer, pero X. quería llevarse una sorpresa y estaba convencido de que sería chica porque yo no insistía demasiado con los nombres de niño. Así llegamos a unas semanas antes del parto y X. se enteró por un descuido mío que íbamos a tener un hijo y le entró el estrés porque no tenía nombre. Una amiga (que por cierto se llama Oihana) propuso que si tanto nos gustaba "Oihana" podíamos ponerle la versión masculina; "Oihan", que además es mucho menos común. Y nos decidimos. Así fue como O. acabó llamándose Oihan, un poco de rebote, pero estoy contentísima del nombre, significa selva o bosque en euskera y por lo tanto sería el equivamente de Silvio, Sylvain.
Aquí va muy bien, la gente lo confunde a veces con Johan y todas sus variantes gráficas (Juan en neerlandés), pero en cuanto lo repites un par de veces no hay ningún problema. Y cuando vamos a visitar a mi familia no suele encontrarse con muchos niños que se llamen así. Yo odiaba que hubiera cuatro Ainhoas en mi clase y que cuando dijeran mi nombre casi nunca fuera por mí, sino por otra niña que se llamaba como yo.
Mañana Maite...