Yo siempre había soñado con tener niños obedientes y juiciosos a los que se les explicaban las cosas a lo sumo un par de veces y obedecían. Pero esos niños existen realmente? O son sólo algo que se ve en las películas?
A mí me han salido niños rebeldes a los que me está costando educar mucho más de lo que yo me esperaba porque me plantan cara desde muy pequeños, desde que eran bebés me atrevería a decir.
O. pasó su etapa rebelde, la temible del no...y ahora tiene muy buenas intenciones, me dice a todo que sí, pero es un cabecita loca así que por un oído le entra y por otro le sale y es muy despistado así que acabo repitiéndole las cosas mil veces, pero ni aún así hay forma. Al final muchas veces acabo pegándole un grito y ahí reacciona y hace lo que le he pedido o lo que estaba haciendo y ha dejado de hacer porque se ha puesto a hacer otra cosa. Yo me pregunto por qué no reacciona cuando se lo digo de buenas y él me dice que porque cuando grito se asusta. Y por qué no me haces caso antes si te lo he dicho... y O. me contesta "sí, me lo has dicho muchas veces". Así que es consciente de las veces que se lo repito y de que después voy a pegarle un grito para que reaccione y que en ese momento va a hacerme caso, "por miedo a mi reacción? Qué tristeza. Él "se asusta" con el grito y yo pierdo un punto por haber utilizado un método que no me gusta. Pero a pesar de la mucha paciencia que le echo no he sido todavia capaz de encontrar la mirada o el tono adecado para decir las cosas una o dos veces y ya.
Lo de que hay que ponerse a la altura de los niños, explicarles todo bien e intentar hacerles entrar en razón lo tengo muy claro, en la teoría. Porque en la práctica se complica la cosa. Por ejemplo: cuando vamos a salir a la calle explico que hay que dar siempre la mano, no alejarse de mí y O., al que le encanta correr, no aguanta ni un minuto así. "Puedo correr?" me dice, y si veo que es un sitio seguro, le dejo con la condición de que pare cuando le digo "stop", tampoco quiero ser la madre que no deja hacer nada. Pues no es posible, al final tengo que gritar para que pare y no soltarle la mano para nada. Lo mismo si me acompañan a una tienda por ejemplo. La consigna es "no tocar nada", pero no son capaces, tengo que andar con mil ojos y acabar riñendo.
La cosa se complica cuando voy con los dos porque M. tiene que hacer todo lo que el hermano haga, aunque sea peligroso y yo me veo pidiendo a O. que dé ejemplo, lo que me parece algo cruel para un niño de cinco años.
M. ni siquiera tiene buena voluntad, a pesar de sus dos añitos, tiene actitudes muy "feas" como que cuando le riñes por algo, lo primero que dice es "es Oihan". Cuando ni siquiera sabía hablar señalaba a su hermano cuando hacía algo malo ella. Ahora está en plena fase de rebeldía y nos está probando, así que hace cosas como hacerse pis encima cuando le dices que ha hecho algo mal o intentas corregir su conducta (lleva sin pañal casi un año y desde entonces no ha tenido prácticamente "accidentes"). Las últimas rabietas fueron porque me cogió la cartera del bolso y quería jugar con ella, le dije que no, se puso a llorar y yo intenté que entrara en razón y nada, ella me dijo "pipi, pipi" como suele decir cuando le llevas la contraria (la mayoría de las veces lo dice a pesar de que ha ido al baño hace poco), le dije que no podía hacer pis, que acababa de hacer y... a pesar de todo se meó en el sofá de mi cuñada, así que la castigué para que pensara un poco en lo que acababa de hacer. Y ahí le dió la pataleta, así que se llevó un azote. Lo peor fue que después de eso vinieron otras pataletas por tonterías como que le tiré la peladura de una mandarina a la basura y cuando vi que se puso a llorar le expliqué que eso era caca, que no era la mandarina... pero nada, cuando ha decidido que le da por enfadarse, no hay quién la pare. Y yo lo intentó por las buenas y en lugar de escuchar una reacción positiva de su parte, grita todavía más y no calla hasta que la castigo mirando a la pared hasta que se calme o a veces cuando acabo dándole un cachete.
Desde mi experiencia como hija puedo decir que, desgraciadamente, yo era de las de M., muy rebelde y siempre llevando la contraria por fastidiar y la verdad es que había un método que usaban mucho conmigo: las amenazas, "si no haces esto te voy a castigar..." y en mi caso, los castigos casi nunca se cumplieron así que yo seguía en mis trece y seguí rebelde toda mi vida. Recuerdo un único castigo y me marcó. Con respecto al castigo físico sí que lo usaban conmigo, me he llevado bastantes azotes y con el tiempo vi que muchos los tenía merecidos porque de verdad muchas veces me portaba mal a propósito por el mero hecho de desafiar y mostrar mi carácter, pero en el momento en que me pegaban, de la rabia me ponía más histérica todavía. A veces me veo reflejada en el comportamiento de M. y no me gusta en absoluto.
De manera ideal me gustaría que todo fuera sobre ruedas y que nunca tuviera que recurrir a los gritos, los castigos y los azotes para educar a mis hijos, pero el momento todavía no ha llegado y me da pena no ser capaz de con una mirada, un gesto o una palabra dulce hacerles entrar en razón.